Cada poeta atrae hasta sus manos, el mundo entero.
Guillermo Quijano

 

Para Elisa

En mi aliento, aún hay noche,
agradable olor a sueños.
Un pájaro desnudo
estrella su silueta
en la pared dormida
de mi cuarto,
sigue su  vuelo
por el infinito horizonte
del techo.
Afuera, Elisa aguarda;
mientras un gato
camina perezoso
por las teclas del piano:
¡Beethoven! ¡Beethoven!
lo llamo,
pero no hace caso,
es un viejo y sabio
gato  sordo
que le gusta caminar los pianos.

  Leonel Fernando Villamizar Montoya

 

TESTAMENTO

Te dejo; mis poesías escritas,
mis libros leídos,
mis fotografías amarillas por el tiempo,
mis canciones escuchadas,
mis cuentos contados.
Te dejo; mis pasos recorridos,
mis quejas,
mis discusiones arregladas,
mis deudas pagadas,
mis amores perdidos.
Te dejo; mis besos gastados,
mis caricias dadas,
mis noches de luna llena,
mis días de sol y lluvia,
mis flores marchitas.
Te dejo; mi mirada,
mi aroma en tu cuerpo,
mi risa espontánea,
mi lágrima contenida,
mi corazón latiendo.
Te dejo; mis años,
y este verso ausente.

  Gladys Villamizar Montoya

 

Me moriré de Patria

Me moriré de patria, una tarde de mayo,
que es una forma insigne de morirse de algo.
Ni una sola palabra dirán en mi descargo,
los jueces del silencio, ni los jueces del rayo.

En mi jardín entonces, se infartará el desmayo,
bajo el jirón cerúleo de mil lustros de largo,
y el labio dolorido beberá el trago amargo
que diariamente eludo, cuando el deber soslayo…

Me moriré de patria y perdonen la demora.
Partiré en un navío de milenios de eslora
Hacia una neblinosa soledad sin retorno…

Una historia de penas se leerá en la estela
y cuando los naufragios se dieren a la vela,
el pan de la esperanza se quemará en el horno.

  José Trino Campos

 

Eres

Corazón de pena
difícil espina
tu amor me aparta
de la orilla.
Serenilla imposible
de mar y llanto
(tienes playas de arena movediza).
No me ahogues el alma
que no soy de espuma
sino de barro y hombre.
Y aún así te pienso
acida frescura
a mis raíces
de sauce solitario.

  Pablo Emilio Rivera

 

En las orillas del Viento

Ahora está triste la soledad
Atrincherada en las orillas del viento.
Los hijos en el juego del destino
más allá del piélago,
donde hay razas
de todas las pelambres
tendrán un sueño americano
levitando en las oníricas sombras
o danzando en cuernos de abundancia.
La espera es mínima en los huesos
doblegados por el tiempo,
sin embargo los espejos
serán la memoria del sol
en las orillas del viento,
y alguien estará oteando
para ver de nuevo
el brillo de los ojos.

  Héctor Navia Garzón

 

Las huellas de un sendero

El camino vacío,
se aferraba a las huellas
de tantos caminantes,
para no sentir la soledad.
Sin embargo,
su somnoliento cuerpo
casi invisible,
Sollozaba con el silencio de los musgos,
con el hálito de los helechos
mecidos por el viento;
con el recuerdo de aquellos
que al amparo de la noche
se fueron para siempre.

El camino vacío
Se aferraba a las huellas
de aquellos pasos
Mojados por  el llanto,
que ayer se convirtieron en recuerdos,
y hoy siguen siendo recuerdos,
desteñidos por el tiempo.
Soledad y recuerdos,
dos huellas en el tiempo
y nada más…

  Hugo E. Ramos

 

Luna

En tu figura de ecos plateados,
veo la tranquilidad que traes
a oscuridades lóbregas o relentes.
En media, nueva, menguante, llena o creciente,
mejor manjar nocturno no puedo esperar;
eres el plato fuerte de una oscuridad finita pero inacabable.
tus volcanes y rayos blanquecinos
tornean nochezuelas de alegrías
y placeres inconcebidos,
pues eres la cómplice de los enamorados,
la testigo fiel de los rebeldes de la noche.

  Jorge O. Bautista

 

Calcetín de soldado

¡Qué no haría mi corazón!
dolido y errante por los parajes
pobladores de mis ensueños.
¡Qué no haría!
-lo sabes-
si me permitieras sucumbir
en esas arenas tuyas
tan esquivas, a veces,
tan sí, tan no,
tan yo no sé…
Qué no haría mi corazón
por compartir contigo,
el mismo lado de la vida.

  Mario Méndez

 

Quién dijo que la oscuridad no es otra luz

Aún soy ese animal
que manosea con gracia la tristeza;
perdido me encuentro
en la pirueta del bufón.
Temo que se presente,
que llegue sin invitación
a mi casa del sur
Con sus palabras
de viajero maltratado.
Una ocurrencia de muertos
aplauden en la puerta del abismo.

  Javier Huérfano